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 | Ainsa - Cola de Caballo |
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Ainsa - Cola de Caballo
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Diiiioooosssss que emoción, después de darle un montón de vueltas a las fechas, por fin llegó el día de irnos todo el finde al Parque Nacional de Ordesa. Con tanta emoción y los coches cargados como si fuéramos a pasar un mes, nos ponemos en marcha desde la Pallaresa sin ni tan siquiera hacer una triste foto. Si es que... Pero no solo no hacemos ni una foto en el momento de la salida, sino que durante el trayecto y la parada para repostar gas oil tampoco lo hicimos. Por cierto el gas oil en Binéfar está muy bien de precio. Pues eso, que salimos de Barcelona con dirección a Lleida por la N-II, pasamos Lleida, Almacelles, Binéfar, Monzón y en Barbastro ya nos desviamos con dirección a Bielsa. En el camino está Ainsa que es nuestro destino. Son tres horas y media de viaje así que hay que tomárselo con calma, los peques se pasaron gran parte del viaje durmiendo y alguna madre también permaneció inherte durante casi todo el trayecto. Llegamos a Ainsa y avisamos al dueño del albergue para que nos abra la valla para poder entrar a la ciudad amurallada. Tenemos que descargar las maletas e inmediatamente sacar los coches de allí ya que no tenemos autorización. En el momento de poner los pies en Ainsa ya descubrimos que este finde va a ser muy muy especial. Tanto como la bonita ciudad que nos rodea. Es preciosa, además, con las escasas y ténues farolas de la noche, la hacen más bonita y mística.
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Pero vamos a lo que vamos. Descargamos lo coches y subimos el equipage. Nuestra presencia alborota un poco la tranquilad del ambiente. Como siempre, vamos dejando huella. Aun no hemos cenado lo cual abre un debate sobre si lo hacemos en la cocina del Albergue o lo hacemos en una terraza del pueblo a la cual ya hemos pedido permiso para hacerlo. Finalmente lo hacemos en la cocina ya que es tarde y tenemos que preparar las camas y las cosas para el día siguiente. Decir que el algergue es una auténtica pasada. La cocina aun siendo de uso común, está en perfecto estado de limpieza y tiene absolutamente de todo, bueno...horno no hay, pero vamos que tampoco hace falta. Mientras los mayores cenamos...
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...los pequeños que ya lo habían hecho, se dedican a jugar un rato. Carles con sus tazos de Pokemon que le trajó Miguel...
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...y las chicas; Andrea, Yaiza, Alba y Lúa se dedican a hundir la flota.
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Se nos echa la mardrugada encima entre unas cosas y otras, así que no hay tiempo para mucho. Subimos a la mega-habitación de 10 personas y empezamos a preparar las camas. A lo tonto son casi la una de la madrugada. Por si alguien dudaba, lo niños eligieron dormir arriba, como no!!
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Nos costó lo nuestro merter a tanto fierecilla dentro de la cama, pero al cabo de un buen rato lo conseguimos. Ahora nos enfrentábamos a lo más complicado, mantenerlos en silencio y esperar que se duerman. Esto nos costó mucho mucho mucho rato. Los niños y los NO niños empezaron a simular ( a veces no) el sonido de unas enormes flatulencias. El tema consistía en ver quién era el que más se aproximaba a la realidad o en oir al que más largo lo hacía. El caso es que tardaron mucho en caer fritos. Son cerca de las dos de la madrugada cuando el último bastión (Carles) cedió ante los brazos de morfeo. O eso o le ponía a dormir en el rellano. Yo no hago más que pensar: ya verás, a las 7:30 no habrá quién les levante.
Ring ring, suena el despertador y para cuando pongo los pies en el suelo, los mocosos ya están todos despiertos y son un manojo de nervios. Abrimos las ventanas para ventilar la zorrera y el día nos recibe con un fresco matinal y con un paisaje que por la noche no pudimos ver.
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Con un día así cualquiera tiene ganas de salir a dar un paseo por la montaña. Y a eso vamos. Antes, nos pegamos un buen almuerzo para cargar las baterías. Llevábamos repostería a tutiplen así que no falto de nada, y como había tostadora...pués tostadicas al canto para rizar el rizo. Entre unas cosas y otras, salimos cerca de las nueve de la mañana. Nos quedan por delante unos 40 kilómetros hasta Torla y un poco más hasta el PN de Ordesa. Salimos del albergue y atravesamos la Ciudad amurallada, que si por la noche nos encantó, por el día tampoco dejó indiferente a nadie.
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Ya estamos en los coches y empezamos el trayecto a Torla. Por el camino pasamos por Broto, otra bonita ciudad de la que Pelayo y Esther conocen bien sus rincones. En poco rato llegamos a Torla y una vez la pasamos te da la sensción de ser engullido por la montaña. Nos vamos adentrando por una carretera con destino a ninguna parte y cuando empiezas a peguntarte a donde vamos a parar es cuando te das cuenta de que ya estamos en el punto de partida. Sacamos las mochilas y nos ataviamos con las gorras, bastones, botas...
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Y como en toda salida solo falta la foto oficial. He aquí los aventureros del día: Rosa Mari, Esther, Carlos, Lúa, Carles, Pelayo, Miguel, Alba, Andrea, Yaiza y Pepi.
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Empieza la excursión. Nuestro objetivo es llegar a Cola de Caballo. Es una cascada que se encuentra en la cima de la montaña y que está a unos once kilómetros de constante subida. Con más moral que el Alcoyano nos ponemos en marcha.
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El recorrido empieza por un ancho pero frondoso sendero que apenas tiene inclinación. Las señalizaciones nos advierten que estamos en una zona protegida y que no podemos salirnos del camino principal Avanzamos a buen ritmo aunque las paradas para hacer fotos son constantes y es que el sitio merece la pena. Las mozas se ponen de acuerdo para andar al mismo ritmo.
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A los pequeños hay que animarles para aque anden eso está claro, por que la voluntad la tienen, pero sino se les motiva.... Dividimos la excursión en 4 fases de subida. Carles nada más comenezar ya empieza con la pregunta maldita: cuanto falta? Bueno pues como primer objetivo nos fijamos una fuente que está a los 2.5 Km. Ya tenemos el objetivo, pues en marcha. No es fácil, pero poco a poco se van concienciando de que hay que llegar. Durante el camino son muchas las joyas que nos vamos encontrando. Como siempre, la cámara de fotos no logra trasmitir todo lo que el ojo ve, pero se puede hacer una ligera idea. Este árbol parece como sacado de un cuento. Sus largas ramas parecen brazos dispuestos a abrazarte.
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Son muchos los detalles que nos regala el bosque y es imposible ponerlos todos aquí, así que pondré unos cuantos, no los mejores ya que es imposible elegir, así que solo pondré unos cuantos. Aun estaba guardando la cámara desde que hice la foto del árbol cuando ya estamos pisando tierra mojada. Eso significa que tenemos la fuente cerca. Voilá!! ya tenemos el primer cuarto de ascenso recorrido. Paramos lo justo para llenar las cantimploras de agua. No es que las tuviéramos vacías, pero es que el agua sale helada y hay que aprovechar.
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Salimos de la fuente y si los peques no dicen nada seguimos callados, pero si flaquean fijaremos el próximo objetivo en las Cascadas del Estrecho junto a la segunda fuente. Cuando llegábamos a la primera fuente las rampas de subida eran importantes, y al salir de ellas la tónica era la misma así que no tardaríamos en presenciar las quejas de algún que otro peque. En el camino no encontramos con otro detalle que Andrea no deja escapar. Ahí va:
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Poco tardaríamos en hacer la siguiente parada, y es que hemos madrugado y ya llevamos un rato andando. El hambre aprieta y decidimos buscar un buen sitio para reponer fuerzas. Antes de lo previsto y como si estuviese puesto ahí a caso hecho nos encontramos con este pollete de piedra que nos viene al pelo.
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Unas galletas de chocolate, unos bastones de pan, unas patatas fritas, un poco de agua...lo necesario para llenar un poco las baterías. De repente veo una cresta montañosa de sospechoso perfil. Yo veo en ella a un indio con su cresta de plumas, pero Lúa ve la cara de un mandril. Ustedes mismos.
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A la par que discutíamos sobre la cara de la montaña, a escasos metros se oia una fuerte cascada. Nos asomamos un poco a ver que había allí y con la boca llena de galletas nos llevamos otra sorpresa.
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Efectivamente había un salto de agua importante, pero lo más vistoso era la garganta por la que se deslizaba el agua de esa cascada. Era un espiral de piedra increible y por ahí pasaba no sin atragantarse todo el agua de la cascada. Hemos descansado un rato y nos hemos deleitado con las vistas, ahora toca dar otro buen tirón. La subida sigue haciendo mella, y es que hay tramos que se las tren. Así que algunos necesitan un poco de compañía para hacer más llevadera la subida. Miguel tira un poco de Carles...
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...Pelayo tira un poco de Alba...
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...y Yaiza puede ella sola con la subida.
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Para cuando estaban a punto de volver a quejarse, nos encontramos con este balsámico riachuelo. Los peques y las que no son peques no dudaron en refrescar su pies. La moral no está muy alta ya que llevamos casi 4 horas de pateo y aun nos queda un cuarto del total de la subida más toooooda la bajada. Es hora de hacer un planteamiento. En el fondo de esta foto, una pareja de abueletes nos dicen que falta un poco para la segunda fuente, un rato más largo para el valle de la cima y bastante más aun para Cola de Caballo. Nos inisisten en que no merece la pena llegar al final ya que Cola de Caballo tampoco merece mucho la pena. Nos aconsejan que lleguemos al Valle y que nos demos la vuelta.
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Le damos vueltas al asunto mientras que los demás se mojan los pinrreles. Pelayo insiste el llegar hasta el final y yo estoy con el, pero los peques no están por la labor de andar mucho. Tomamos la decisión de parar en la fuente para hacer la comida y después ya veríamos.
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La fuente la teníamos al lado así que no tardamos mucho en hincarle los dientes a los bocatas. Los chicos escogieron un privilegiado sitio para comer, encima de una gran roca en medio de un gran remanso. Este remanso, venía precedico de una escalera de caídas de agua. La sensación de estar comiendo allí es envidiable. Para entonces caí en la cuenta de que después de tanto observar lo que me rodeaba desde que empezamos a patear no me había dado cuenta de que el sonido del agua había sido nuestro fiel compañero de caminata. Estaba con nosotros desde el principio.
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Que magnifico fondo!!!
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Pero un poco más arriba...SUBLIME!!!!
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Tanto que decidimos llevarnos este recuerdo. Carlos, Pepi, Carles y Lúa.
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Miguel, Rosa Mari y Andrea.
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Pelayo, Esther, Alba y Yaiza.
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Bueno pues seguimos para arriba. El plan es el siguiente, los yayos nos habían dicho que llegáramos al Valle como mínimo, bueno, pues es lo que íbamos a hacer y una vez allí según ellos teníamos que trepar por unas piedras para arriba para llegar a Cola de Caballo. Eso ya era más complicado, pero lo dicho, una vez en el Valle decidiríamos. Entre tanto, las horas pasan y la moral se empieza a derrumbar. Los peques andan un poco tocados y a uno ya se le empiezan a acabar los recursos. A Lúa se le atragantó muchísimo esta subida. Solo con verle la cara...
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Pero no le duró mucho más el cabreo, para cuando me giré después de hacer esta foto, ya me di cuenta que estábamos en el Valle y que no estaba tan lejos como decían los yayos. El Valle discurre entre dos mastodontes de piedra de una altura incalculable y tan largo que la vista no distingue bien su final. Es entonces cuando uno piensa: cuan pequeños e insignificantes somos las personas. De las paredes caían infinitos hilos de agua como mechas de pelo.
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Ya estamos, ya hemos llegado. Con esas dos frase se aliviaron los cansancios de todos. El próximo objetivo era cruzar todo el valle (que era llano) y ver la famosa escalada de piedras para subir al final como decían los abueletes. Nosotros ya dudábamos de ellos y queríamos comprobarlo in situ. El Valle es muy largo y se tarda en atravesar, pero los que vienen de vuelta son los que nos han pasado por el camino y eso indica que no falta mucho. Pero lo cierto es que ya da igual, todos queremos llegar al final. A mitad de camino, tenemos que filigranear para pasar este riachuelo. Con bastante destreza lo logramos todos sin mojarnos los pies.
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No se ve, pero se oye el ruído del agua al caer. Andando de puntillas como para verlo antes, avanzo como alma que lleva el diablo y en el siguiente pestañeo...
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Ya hemos llegado!!!! Los cierto es que nadie entendía lo que los yayos nos habían dicho, joder, si es que no habían acertado nada. No había que subir ningún peñascal para llegar allí y eso de que no merece la pena...corramos un tupido velo. Si en cierto que todo lo que habíamos visto en el camino era precioso, pero esto no lo era menos. Es una impresionante cascada, no muy ancha pero si altísima y muy grande. Aunque puede parcer lo contrario es muy grande, solo que nosotros estamos un poco lejos ya que si te acercas acabas empapado. Después de varias sesiones de fotos desde todos los puntos de vista solo nos faltaba la foto oficial del reto conseguido. Ahí va, reto conseguido!!!!!!!!
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Las energías se han renovado y ahora toca volver sobre nuestro pasos. Alba tiene el tobillo un poco inflamado y no sabemos como le afectará, pero el caso es que llevamos 5 horas subiendo y nos espera un buen rato de bajada. No se que pasa, pero los peques tienen una facilidad para recuperarse increible. Parece como si hubiéramos empezado el pateo desde cero, es decir, estaban frescos como rosas y eso que faltaban unoms 11 km de bajada. Pues como si de un milagro se tratara, sin prisa pero sin pausa empezamos a bajar. Tampoco es que sea un descenso vertiginoso, como tampoco lo había sifo la subida salvo en algunos tramos, así que lo normal era tardar unas tres horas y media.
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Lo dicho, sin prisa pero sin pausa y mas chano que chino, cuando nos dimos cuenta ya habíamos dejado atrás el Valle y sin tener que ir tirando de los peques. Tampoco hizo mucha falta el ir entreteniéndolos no poniéndoles objetivos, simplemente se dedicaron a bajar y punto. Pero bajar aun ritmo... Mucho antes de lo previsto ya estábamos en la primera fuente, con lo cual los coches los teníamos a tocar. Es cuando alguien dijo eso de: en todo lados se fuma, no??
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Lo que tarda en fuamarse un pitillo es lo que tardamos en estar parados. Seguimos bajando a un ritmo endiablado cuando les dije a Miguel y Pelayo: vamos a parar que estos se habrán quedado atrás. Paramos y cuando giramos la cabeza vimos que los teníamos enganchados y no solo eso, sino que a la voz de: ya veo los coches!! todos salieron corriendo hacia ellos, todos. Que maravilla de naturaleza, que recompone las fuerzas y desinflama los tobillos. Ya hemos llegado, se acabó el pateo. Vamos a la terraza que hay en el parking y lo celebramos con unos helados a la vez que planeamos el regreso.
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Son las 8 de la noche. Nos hemos pegado casi 10 horas de excursión y tenemos hambre. Sabemos de una pizzería en Broto así que no le damos más vueltas al tema y nos vamos para allá. Fin de fiesta espectacular para un día increible.
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Es tarde y tenemos que recorrer lo 40 km que separan Broto de Ainsa y no es una autopista sino una comarcal, no tenemos prisa pero es tarde. Salimos de cenar con el típico bajón y es que después de andar todo el día nos bastó una buena cena y un rato sentados para acabar de rematar, así que para Ainsa se ha dicho. En cuanto los peques se suben a los coches caen fulminados eso era de esperar. Destacar la gran cantidad de zorros que se nos cruzaron por el camino. Bueno pues llegamos al albergue e intentamos acostar a la chiquillada. Sabíamos que se resistirían pero al final caerían. Pues ni más ni menos, hubo un conato de guerra de perros de peluche como la noche anterior, pero el cansancio les pudo. Cayeron todos fulminados. Momento que aprovechamos los grandes para tomarnos un reponedor y relajante cubata. Bueno vale, cayeron 4, pero como no hay que conducir... No tardamos mucho en irnos a la piltra. Estamos muertos todos. Pues bien, dos minutos más tarde de haberme metido en el sobre cai en brazos de morfeo, y el resto me consta que también. Bona nit.
La noche se hizo corta, vamos, que un par de horitas más en la cama...nos acostamos pasadas las 2 de la madrugada y a las 8 sonó un despertador con un sonido infame. Nos pusimos en pie los grandes. Los peques se enredaron un poco con las sábanas y tardaron lo suyo. La mañana vuelve a ser fresca pero esta vez nos acompaña la lluvia.
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Hoy tenemos previsto visitar el cañon de Añisclo, pero antes hay que desayunar y después desalojar la habitación. La lluvia arrecia por momentos y puede dar la traste con la excursión, pero no tenemos nada que perder, total tenemos que abandonar la habitación de todas formas... Antes de nada, nos dimos un almuerzo como dios manda.
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Ya hemos cargado los coches y hemos salido de Ainsa. La lluvia a cesado un poco u nos deja viajar al Cañon de Añisclo con el asfalto medio seco. El Cañon de Añisclo es un desfiladero que discurre ente dos muros de piedra natural de unos 70 metro de alto y en según que zonas separados por 4 metros entre ellos. Eso cuando miras hacia arriba, pero cuando miras hacia abajo, ves lo mismo pero con un rio que en según que sitio baja enbravado y golpeando con fuerza las piedras que le protegen.
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La carretera tiene tramos muy estrechos en los que si te cruzas con uno de frente hay que detener la marcha del coche, sacar el metro, tomar medidas y luego pasar. Es estrecho de pelotas, pero es encantador. Yo pensaba que con el listón del día anterior estaba todo visto, pero no, faltaba esto. Llegamos a un aparcadero, que no parking, y bajamos de los coches para hacer un mini pateo de una hora por la zona. Nada más bajar empieza a llover de nuevo, pero nada puede con nuestro espíritu aventurero y con nuestras ganas de estrenar los chubasqueros.
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El mini pateo se hace rápido y es que ya somos unos expertos en esto. Llegamos pronto al Santuario de Urbez e intentamos hacer una simpática pero desastrosa foto.
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Volvemos a los coches con la intención de ir a comer. Son las 2 de la tarde y tenemos que volver a casa, pero antes hay que comer. Volvemos a Ainsa y paramos a comer en un hotel que Esther y Pelaya conocen. Antes paramos a ver una presa de agua en desuso. El punte invita a cruzarlo pero el sentido común lo prohibe
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Nos metemos unos espléndidos platos combinados para rematar la fiesta. Solo falta meternos en los coches y volver para casa. Está lloviendo, son las 4 de la tarde y estamos cansados.
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Han sido dos días intensos, de movimiento, de mucho andar, de mucho sudar, pero también de mucho disfrtutar y de pasarlo muy bien. La experiencia ha sido de lo mas maravillosa, de verdad. Ya lo hemos comentado todos y es que nos ha salido todo bien, el albergue, al tiempo, las excusiones. Los peques han congeniado a las mil maravillas, cediendo todos en sus prestensiones y así facilitando la convivencia. Un fin de semana inolvidable en un lugar inolvidable y con una compañía más inolvidable todavía. Tardaremos tiempo en olvidar esta salida y más aun en olvidar esa primera noche con los renacuajos dando la lata y partiendose de la risa. Solo puedo decir una cosa, cuando es la próxima??
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